jueves, 23 de abril de 2009

EMPIEZO A ESTAR SOLA

Muchas veces, cuando me preguntan si me voy acompañada o me voy sola de viaje, las personas como que no se conformaran con el hecho de que una persona haya elegido la soledad como opción.
Constantemente me preguntan acerca de mi pareja, de qué piensa mi mamá, del miedo que puedo llegar a sentir, de las implicancias en mi seguridad, los peligros. Y yo siempre quedo con la sensación de que estamos tan llenos de gente alrededor nuestro, que a veces pareciera que es imposible en algún momento quedarse solo. Pero solo en verdad. No eso de ir solo en micro mirando a otros miles que caminan afuera, o ir solo de compras, hacer trámites, trabajar. Claro, durante el día podemos estar solos pues la seguridad de que llegaremos a la casa y veremos a alguien, es algo que tranquiliza de inmediato.

¿Y solo en verdad? ¿se puede?

La soledad es un estado temido, evitado, que nos hace pensar en melancolía, que nos evoca nostalgias y algunos de nuestros peores momentos. Nadie quiere sentirse solo, o "quedarse solo".
Para nosotras las mujeres es muy complicado cuando una cultura nos muestra que la compañia de un hombre es la que protege y cuida, la que contiene y entrega el amor. Y en eso nos pasamos harto tiempo (algunas sus mejores años): buscando quien nos puede cuidar y querer y acompañar; para así no quedarnos solas.
Muchas de nuestras fuertes mujeres latinoamericanas, de las lindas mujeres que conocemos, se han desecho por la pérdida de un hombre, o han aguantado sufrimiento y dolor por evitar quedarse solas.

Yo digo que mientras más adentro de la soledad se esté, mientras más solos y solas estemos, de mejor manera podremos disfrutarnos a nosostros mismos, y por consiguiente, no temer tanto a estar solos. Si le tengo miedo a la oscuridad, lo mejor es ver que en ella quizás no pase nada.

No hay tal cosa como "mi otra mitad" o "mi alma gemela" o "mi media naranja", sino que sólo seres humanos únicos, maravillosos en sus particularidades y siempre en búsquedas de amar a otros. Amar a otro no es poseerlo ni al revés, no es compartirlo todo para siempre, no es estar en todos y cada uno de los moentos de su vida por el resto de la tuya, ni dormir con él para siempre aunque te duela la espalda. Ja. Creo que es todo lo contrario: es la plena libertad.

Y ya no estoy más sola. Porque me tengo a mí misma y descubro que en verdad yo soy el todo que ando buscando, yo soy la mejor compañía entre todos los demás, yo soy el inicio y el fin de mis días.
Y cuando podemos experienciar esa soledad, somos realmente libres para siempre.
Ya nunca más temeré estar sola, porque lo he probado y me gusta, he probado ese silencio que conecta con algo que no se escucha cuando otros hablan... mi propio espíritu que me habla desde dentro, reconociéndome y agradeciéndome por haberle entregado un minuto de mí.

Quizás las compañías y las parejas estén algo sobrevaloradas en nuestros tiempos y por eso nadie quiera quedarse solo. Quizás por eso algunas personas temen porque inicie este viaje sola y piensan que sentiré miedo o "soledad".

Claro que sentiré soledad. Y les digo ¡Pruébenla! ¡Quédense solos!
Y así ya nunca más estarán solos.

lunes, 16 de marzo de 2009

SIN HORARIO NI ITINERARIO

Viajar, descubrir, amanecer, bailar, sonreir, mirar, cantar, caminar.
La vida se me ha mostrado siempre como una fuente inagotable de felicidad, y creo que la encuentro en todo, en el vino y en la risa, en los besos de un hombre, en el abrazo de una hermana, en el cigarro y la siesta, la comida y los libros.
Y ahora es viajar.
Viajar es la felicidad.
Sin horario, sin ruta, sin miedo.
Comienzo a caminar Latinoamérica mirando hacia arriba y hacia adelante, en busca de mi continente, de mis ancestros, de mis verdades.

Este viaje nace de una exquisita necesidad de conocer y descubrir, de moverme y estar en toda la maravilla que es este hermoso lugar en donde nos ha tocado vivir nuestras experiencias.
Latinoamérica es el lugar de la alegría, el baile, el carnaval, el calor y la danza.
Nuestro continente está lleno de colores y aromas, de texturas y sabores que, a veces, turisteando de vacaciones, no alcanzamos a percibir y se nos van del corazón en la rapidez del viaje, pues queremos hacerlo todo en poquísimo tiempo.
El tiempo lo estiro todo lo que quiero y me quedo a disfrutar de la vida real en los lugares que me interesa descubrir. Sólo de esta manera dejo de mirar y realmente puedo ver.

Emprendo un viaje que parte en Chile, en la inmensidad del Desierto de Atacama, y no tiene un destino final definido. Como ya les dije, no hay más rutas que las ganas que tenga de partir a alguna parte.

Mi viaje es acerca de quedarse a ver. Vivir. De sentir y amarlo todo.